domingo, 14 de agosto de 2011

SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA BEATA VIRGEN MARÍA




(Ap 11,19; 12,1-6.10; Sal 44; 1Cor 15,20-26; Lc 1,39-56)

La celebración de la Asunción es un día de alegría: es la fiesta de la grandeza de Dios y de la grandeza del hombre en Él. Hoy resuena el alegre Magníficat, esta extraordinaria poesía inmersa del Corazón Inmacolado de María y florecida en sus labios.
El cantico evangelico es un retrato de la Virgen, en el cual podémos verla así como Ella es. Este inicia con la exclamación: «Mi alma glorifica al Señor», o sea, “proclama grande” al Señor. María desea que Dios sea grande en el mundo y en su vida personal. Ella no teme que el Señor sea contendiente: no tiene miedo que Él, con su grandeza, pueda quitarle algo a la libertad humana o sustraer cualquier cosa de su espacio vital. Ella sabe bien, que Dios es grande, entonces también nosotros somos grandes. Nuestra vida no se empobrece, si no más bien se ensalza, exalta y enriquece de la grandeza de Dios: Y es entonces que se convierte grande en el esplendor del Señor.
En el hecho que nuestros progenitores pensáran al contrario, tocamos precisamente el nucleo del pecado original. Temían que, si Dios hubiéra estado muy grande, habría quitado cualquier cosa a sus vidas; tenían la idea de hacerlo a un lado, para tener más espacio para si mismos. Esta es también la grande tentación de cada hombre; esta es también la grande tentación de cada ideología; es esta también la grande tentación de la secularización. Pero donde desaparece Dios, el hombre no se convierte en grande; pierde antes bien, la dignidad divina, pierde el esplendor del cielo en su rostro. Solamente si Dios es grande, también el hombre es grande.
La humildad alegre de María, nos ayuda a comprender que es precisamente así. Debémos cuidarnos del no alejarnos de Dios; debémos más bien reconocer que que nosotros somos grandes solo en su presencia; por esto debémos permitir que el sea grande en nuestra vida y todo el esplendor de la dignidad divina será nuestro. Es importante por lo tanto, que Dios sea grande entre nosotros, en nuestra vida personal y en la vida pública. Como hizo María es necesario que hagámos espacio cada día al Señor, en nuestra vida, iniciando precisamente por la oración, dando tiempo a Dios. No perdémos el tiempo si se lo ofrecémos a Él. Si el Señor entra en “nuestro” tiempo, todo el tiempo se conviérte en más amplio y más rico. Nuestro pobre tiempo se conviérte en tiempo de Dios, toca la eternidad.
La solemnidad de este día, abre para nosotros el horizonte del cielo, como signo de la gradeza del Señor, cantado por la Virgen; con el termino “cielo”, no se refiere esclusivamente a un “lugar” físico que se encuentra sobre nosotros, si no más bien a una realidad extraordinaria que nos toca désde ahora de cerca.
Se pretende afirmar que Dios, en Cristo, definitivamente superó y venció el tiempo y el espacio para el hombre, introduciéndolo en su eternidad. El Señor no se oculta jamás, y nosotros existímos porque el nos ama, porque nos ha pensado creativamente, así como nosotros somos. “Nuestra eternidadad” no es ontológica, si no más bien se funda en su amor misericordioso. Quien es amado por Dios, y acepta su amor, no morirá nunca. En Él, en su pensamiénto en su amor nosotros estamos para siempre custodiados y por esto mismo inmortales, en todo nuestro ser personal.
Este amor es portador de la inmortalidad, que nosotros llamamos “cielo”: Dios es tan grande de tener un puesto también para nosotros. Esto manifiésta la expresión dogmática de la «Asunción corporal a la gloria celestial» de la Beata Virgen María.
La fe no promete solo la salvación del alma en la imprecisión del más allá, en el cual todo lo que en este mundo a sido precioso y apreciado desaparece, pero anuncia el valor eterno de lo que ha sucedido en esta tierra. Nada de lo que es precioso y apreciado se arruinara: «Ustedes tienen contados todos sus cabellos» (Mt 10,30).
El mundo definitivo será el cumplimiento también de esta tierra y de nuestra historia personal. El Señor conoce y ama a todo el hombre, lo que nosotros hoy concretamente somos. La totalidad integral de la persona es “presa” por Dios, Él nos atíra y nosotros obtenémos así la eternidad en Dios mismo. Esta es la verdad que hoy nos impregna de alegria profunda; con la asunción al cielo, Maria Santisima testimónia el significado auténtico de nuestra humana existencia. En ella descubrímos que nuestra vida porta en sí mísma la profundidad, la altúra y pedasos del cielo y es llamada désde ahora a hablar, como siempre lo hace el cielo, de Dios.
Dios ha asumído en la gloria celestial a Aquella que el Hijo ha donado en la cruz como Madre; ahora en el corazón mismo de Dios, hay espacio para la maternidad de María y para sus cuidadosas atenciónes. Siendo en Dios y con Dios, la Virgen María esta cerca a cada uno de nosotros, conoce nuestro corazón, escucha nuestras oraciónes, esta siempre cerca en nuestras necesidades y aflicciónes y nos sostiene con su materna bondad.
Podémos siempre confiar nuestra entera vida a esta dulce Madre, que no esta lejos de ninguno; antes bien, en Ella, nuestra vida presente esta désde ahora en Dios. Demos gracias al Señor por el don de su Obra Mestra, de la Madre Celestial asumida en la gloria y oremos para que la Iglesia, mostrando la belleza de María, ayude a los hombres a reconocer la propia inaudita dignidad que es reflejo de la grandeza de Dios.
¡Hoy, viviendo la Asunción, comprenderémos que es la fiesta del humanismo plenario!.

jueves, 6 de enero de 2011

6 DE ENERO - EPIFANIA DEL SEÑOR


«Los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones» (cf. Salmo 72,10-11). La Solemnidad de hoy nos muestra el cumplimiento de esta profecía en la história de los Reyes Magos, los sábios "paganos" que llegaron al pesebre en Belén. El naciemiento del Salvador aparece así, como el Evento que interesa no solo al Pueblo de Israel, sino a cada hombre como tal. La Liturgia presenta un hecho particular – la adoración de los Magos – y a travéz de eso nos atrae dentro la Realidad divina. Es el método de Dios: la Encarnación.
Los tres Reyes Magos, cuyos restos mortales se conservan en la Catedral de Colonia, fueron hombres de profunda espera, que analizában el cielo tratando de encontrar los signos del Creador. Para hacerse encontrar también de ellos, el Señor utilíza lo que a ellos les es mas familiar: la estrella. Es una estrella de luminosidad y dimenciónes similares a calquiér otra, pero al mísmo tiempo absolutamente ùnica: brillando en sus rostros, de hécho, despiérta el corazón, mostrando por cual Luz ellos fuéron de verdad héchos y metiéndolos así en camino.
Se tratába, de un “signo”: un cual cosa de absolutamente mensurable, pero que nos hace pensar en una Realidad más grande.
A un cierto punto de su viaje, cuando llegáron a Jerusalén, la estrella paréce desaparecer. En verdad habían llagado de frente a una estrella más grande, para reconocerla debían dar un paso más allá. Reconociéron, de hécho, de haber estado conducídos al corazón de Israel, el Pueblo que el Señor había elegído para Su demora, y a aquella nueva estrella se confiáron para proseguír su camino. Después del cosmos, lo creado, la primera Aleanza, es el “grande signo” que Dios puso en el mundo, a travéz del misterio de la predilección.
Sin embárgo paréce que ésta, a pesar de ser la mísma luz no resplendía con la mísma pureza del astro celestial, porque en diversos modos indicáron a los magos el camino pero animados por las intenciones mas diversas: el rei Erodes se servía de ellos para eliminar un posible rival en el poder y competente al titulo de rey; el jefe de los sacerdotes y de los escribas usaba de la sabiduria recibída de Dios para asegundar lo que Erodes pedía, tanto de permanecer a Jerusalén, en lugar de acompañar a los magos hasta Belén.
El Evangelista nos muestra así, el Misterio mísmo de la Iglesia, la comunidad de aquellos que por gracia divina fuéron héchos hijos del Hijo, pero que al mísmo tiempo son llamados a convertírse con la ayuda divina plenamente participes de la Victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.
Confiémos en el Señor Jesùs que sobre todo a través de aquellos astros particularmente explendentes que son los santos, indíca incansablemente y con divina fidelidad, la Iglesia como el lugar del escuentro con Él, y junto con los magos aprendámos de la Beata Virgen María y de la fe de los simples como los pastores, a estar de frente a la Presencia de Cristo, sobre todo la presencia Eucaristica, ofreciendo al Rey de los reyes el oro de nuestros “tesoros”, al Dios con nosotros el incienso de nuestra oración y al Redentor Crusificado y Resucitado la mirra de nuestros sufrimientos.
Nos descubrirémos así, siempre más participantes de la Vida del Señor Jesùs, ùnico verdadero “Astro del Cielo”, y se cumplirá también en nosotros la profecía de Isaias: “Al ver esto, estarás radiante, palpitará y se ensanchará tu corazón, porque se volcarán sobre ti los tesoros del mar y las riquezas de las naciones llegarán hasta ti” (Cf. Is. 60, 5)

(ERRORES ORTOGRAFICOS DE ORIGEN)
CONGREGATIO PRO CLERICIS

jueves, 23 de diciembre de 2010

Navidad 2010


A pocos días de recordar el nacimiento de Nuestro Señor queremos hacer llegar un saludo fraterno a todos nuestros lectores, que la Navidad sea un motivo más, tal vez el más importante, para reunir a las familias, reencontrarse con amigos y pedir juntos en el pesebre que el siguiente año sea de bendición para las labores de la Iglesia, de crecimiento espiritual para todos sus fieles y de mucha sabiduría para todos sus pastores...
Acerquémonos también agradecidos por las cosas buenas y por las malas también, delante del Divino Niño, que se hizo hombre para salvarnos y pensemos en cuánto hacemos para merecernos esa salvación, pensemos en cuántas veces le hemos ofendido y pidamos gracias para no ofenderle más. Y algo muy importante, hagamos de estos días agradables a todos para que se sienta más viva la presencia de Quien está vivo y permanece con nosotros.

Ciudadano Católico desea a todos y todas una feliz Navidad y un año 2011 lleno de bendiciones.

Dios les bendiga!!!

viernes, 3 de septiembre de 2010

3 de septiembre: San Gregorio Magno



Hoy recordamos a San Gregorio Magno, Papa, doctor de la Iglesia Latina, defensor de la supremacía del papado. Combatió la herejía nestoriana (postulaba la separación de las naturalezas humana y divina de Nuestro Señor).

Estudió intensamente la Sagrada Escritura y la vida de los monjes de Occidente. Se distinguió por su austeridad de vida y por la intensidad de su oración. Por eso es llamado doctor de la compunción y de la contemplación, pues fue modelo tanto en ascética como en mística.
Sus obras teológicas y la autoridad de las mismas fueron indiscutidas hasta la llegada del protestantismo. Una de sus tantas grandes obras fue la conversión de Inglaterra, renovó el culto y la liturgia con el Sacramentario y renovó la práctica de las estaciones cuaresmales en las iglesias romanas, para las que compuso 40 homilias sobre los Evangelios.

Sin duda, su obra más famosa fue la del canto que lleva su nombre, canto gregoriano. Publicó el Antifonario y fundó escuelas de canto, reunió los cantos que ya formaban parte de la tradición y los puso en una sola liturgia.
Su honor es el de la Iglesia universal y su grandeza el ser y llamarse «Siervo de los siervos de Dios», título que pasará a ser desde entonces patrimonio de todos los Papas.

Que la fiesta de San Gregorio Magno nos haga reflexionar profundamente en el culto de las cosas sagradas y la liturgia, en especial en el canto litúrgico que en los últimos tiempos no son acordes, en muchos casos, para la renovación incruenta del sacrificio de la Cruz (Misa).

martes, 29 de junio de 2010

26 de junio, San josemaría Escrivá


El pasado 26 de junio la Iglesia conmemoró a San Josemaría Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei, con este motivo el viernes 25 se celebró una Misa en su honor, que fué presidida por Mons Edmundo Abastoflor, Arzobispo de Nuestra Señora de La Paz, acompañado por S.E. Mons. Giambattista Diquattro, nuncio de S.S. Benedicto XVI, Mons Jesús Juarez, Obispo de El Alto y sacerdotes del Opus Dei.
En esta fecha importante se hace latente con más fuerza el llamado universal a la santidad, en medio de las actividades cotidianas, en el trabajo, en la familia, en los estudios, en fin, en cada cosa en la que ponemos nuestro granito de arena para construir una mejor sociedad, pues en medio de todo debemos poner a Nuestro Señor Jesucristo.

"¿Quieres de verdad ser santo? —Cumple el pequeño deber de cada momento: haz lo que debes y está en lo que haces."(Camino)

Cumplamos con nuestras tareas poniéndoles "algo" más, amor, y así ofrecerle a Dios nuestra jornada de trabajo, pensando primero en los demás y con el fin de que sea El el que brille

viernes, 16 de abril de 2010

LXXXIII Aniversario natal y V de su pontificado


Hoy, viernes 16 de abril de 2010, la Iglesia se alegra junto al Santo Padre en ocasión de su aniversario natal y seguidamente, el lunes 19, se conmemoran cinco años de su elección como Pontifice de la Santa Iglesia. Unidos a la Iglesia universal pongamos en nuestras oraciones a Benedicto XVI para que sea luz de todos los cristianos y continúe en el gobierno de la Iglesia de Nuestro Señor por muchos años más.

Ud. mismo puede enviar una falicitación electrónica disponible en la página de los Heraldos del Evangelio:

http://www.arautos.org/view/show/14721-5-anos-de-pontificado-do-papa-bento-xvi

domingo, 13 de diciembre de 2009

CARTA DEL CARDENAL PREFECTO A LOS SACERDOTES

Diciembre de 2009

Queridos Presbíteros:

La oración ocupa necesariamente un sitio central en la vida del Presbítero. No es difícil entenderlo, porque la oración cultiva la intimidad del discípulo con su Maestro, Jesucristo. Todos sabemos que cuando ella falta la fe se debilita y el ministerio pierde contenido y sentido. La consecuencia existencial para el Presbítero será aquella de tener menos alegría y menos felicidad en el ministerio de cada día. Es como si, en el camino del seguimiento a Cristo, el Presbítero, que camina junto a otros, comenzase a retardarse siempre más y de esta manera se alejase del Maestro, hasta perderlo de vista en el horizonte. Desde este momento, se encuentra perdido y vacilante.

San Juan Crisóstomo, comentando en una homilía la Primera Carta de San Pablo a Timoteo, advierte sabiamente: “El diablo interfiere contra el pastor […] Esto es, si matando las ovejas el rebaño disminuye, eliminando al pastor, él destruirá al rebaño entero”. El comentario hace pensar en muchas de las situaciones actuales. El Crisóstomo advierte que la disminución de los pastores hace y hará disminuir siempre más el número de los fieles de la comunidad. Sin pastores, nuestras comunidades quedarán destruidas.

Pero quisiera hablar aquí de la necesidad de la oración para que, como dice el Crisóstomo, los Padres venzan al diablo y no sean cada vez menos. Verdaderamente sin el alimento esencial de la oración, el Presbítero enferma, el discípulo no encuentra la fuerza para seguir al Maestro y, de esta manera, muere por desnutrición. Consecuentemente su rebaño se pierde y, a su vez, muere.

Cada Presbítero, pues, tiene una referencia esencial a la comunidad eclesial. Él es un discípulo muy especial de Jesús, quien lo ha llamado y, por el sacramento del Orden, lo ha configurado a sí, como Cabeza y Pastor de la Iglesia. Cristo es el único Pastor, pero ha querido hacer partícipe de su ministerio a los Doce y a sus Sucesores, por medio de los cuales también los Presbíteros, aunque in grado inferior, participan de este sacramento, de tal manera que también ellos llegan a participar en modo propio al ministerio de Cristo, Cabeza y Pastor. Esto comporta una unión esencial del Presbítero a la comunidad eclesial. El no puede hacer menos de esta responsabilidad, dado que la comunidad sin pastor muere. Como Moisés, el Presbítero debe quedarse con los brazos alzados hacia el cielo en oración para que el pueblo no perezca.

Por esto, el Presbítero debe permanecer fiel a Cristo y fiel a la comunidad; tiene necesidad de ser hombre de oración, un hombre que vive en la intimidad con el Señor. Además, tiene la necesidad de encontrar apoyo en la oración de la Iglesia y de cada cristiano. Las ovejas deben rezar por su pastor. Pero cuando el mismo Pastor se da cuenta de que su vida de oración resulta débil es entonces el momento de dirigirse al Espíritu Santo y pedir con el ánimo de un pobre. El Espíritu volverá a encender la pasión y el encanto hacia el Señor, que se encuentra siempre allí y que quiere cenar con él.

En este Año Sacerdotal queremos orar con perseverancia y con tanto amor por los Sacerdotes y con los Sacerdotes. A tal efecto, la Congregación para el Clero, cada primer jueves de mes, a las cuatro de la tarde, durante el Año Sacerdotal, celebra una Hora eucarística-mariana en la Basílica de Santa María la Mayor, en Roma, con los Sacerdotes y por los Sacerdotes. Con gran alegría, muchas personas acuden a rezar con nosotros.

Queridísimos Sacerdotes, la Navidad del Señor está a la puerta. Quisiera daros mis más y mejores augurios de Feliz Navidad y Próspero Año Nuevo 2010. Junto al pesebre, el Niño Jesús non invita a renovar hacia El aquella intimidad de amigo y de discípulo para enviarnos de nuevo como sus evangelizadores.

Cardenal Cláudio Hummes

Arzobispo Emérito de San Pablo

Prefecto de la Congregación para el Clero